
El calor azuzaba a los grillos que cantaban monótonamente a una luna llena que, como cada 28 días, brillaba con todo esplendor. En la calle se escuchaba a los niños, como cada verano. A lo lejos una radio repetía sin piedad la canción de moda mientras en la televisión se reponía alguna serie ya emitida.
El Corte Inglés repartía sus corticoles de vuelta al cole. Valladolid se preparaba para las fiestas mientras algunas bibliotecas se volvían llenar de estudiantes agobiados por los exámenes de septiembre. Las obras colapsaban la ciudad mientras muchos soñaban con volver a ver a su equipo jugar al fútbol, baloncesto, balonmano…
Él, como cada noche, cogió un libro, lo abrió y voló. Se comió la rutina mientras cantaban los grillos monótonamente a una luna llena que, como cada 28 días, brillaba con todo esplendor despertando al hombre lobo...
AyG
Víctor Gutiérrez Sanz
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miércoles, 25 de agosto de 2010
El cantar de los grillos
domingo, 22 de agosto de 2010
Un paso menos, un paso más

- Un paso más, un paso menos. Un paso más, un paso menos. Un paso más, un paso menos…
Cada vez que su pie lleno de ampollas tocaba el suelo repetía la misma frase. El cansancio mellaba con cada kilometro el espíritu y el sol calentaba hasta fundir la lógica. Lo único que le animaba a seguir era la meta, conseguir un objetivo.
A doscientos metros descansaba otro peregrino con una paja en la boca bajo la sombra de un gran roble. Estaba descalzo, sin calcetines, y lucia una enorme sonrisa en la boca mientras movía con gracia los dedillos de sus pies. Tenía un moreno sucio y una barba larga y enredada. La mochila que yacía a su izquierda tenía multitud de cosas colgadas: banderillas, pañuelos, pulseras… Sobre ella descansaba un sombrero de paja que por lo despeinado que iba se podía deducir que se lo ponía para caminar.
El joven seguía andando, agarrándose con fuerza al cayado y al objetivo de terminar.
-Un paso más, un paso menos. Un paso más, un paso menos. Un paso más, un paso menos…
Al pasar frente al peregrino barbudo este le interrumpió:
-¿Querrás decir un paso menos, un paso más?
-Lo siento, pero no veo la diferencia- contestó mientras se quitaba el sudor de la frente.
-Entonces eres un andarín y no un caminante- rehusó mientras mordisqueaba la paja.- Pero antes de juzgarte, explícame por qué repites continuamente esa perorata a cada paso que das.
-Muy sencillo, porque cada pasó de MÁS que doy es un paso MENOS a mi destino.
-¿Y tú crees en eso?- dijo con tristeza y sorpresa mientras se quitaba la paja de la boca.
-Sí, es lo que me anima a seguir pese a los dolores, el calor y el cansancio.- contestó reafirmándose en sí mismo con más seguridad que nunca.
-A mí me pasa lo contrario.
-¿Cómo?- preguntó el joven extrañado.
-Sí, a mi cada paso que doy me da fuerza y a la vez tristeza porque cada paso MÁS es un paso MENOS de disfrutar hasta llegar al destino.
El joven asintió mientras digería las palabras de aquel extraño sabio que seguía hablando.
-El camino es bonito, cada paso es un premio y la meta sólo es un final virtual. Si realmente quieres llegar y ya está, cógete un automóvil y marcha. Si eres caminante, camina y haz camino. Recupera el concepto del espacio, el tiempo y el esfuerzo. Cuanto más difícil sea el objetivo final más feliz serás intentando lograrlo. Y si no los consigues no te desanimes pues siempre habrás creado una senda.
El joven miró hacia delante y se río, aún quedaban más de dos horas para terminar. Se sentó, se descalzó y comenzó a mover los dedillos de los pies.
En recuerdo de todos los pilgrims. Un abrazo, sed felices y ¡¡¡BUEN CAMINO!!!
AyG
Víctor Gutiérrez Sanz Copyright
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miércoles, 4 de agosto de 2010
Consecuencias
-Bueno entonces, ¿cómo coño funciona esto?
-Es muy sencillo caballero: usted lo único que debe hacer es tomarse una pastilla con cada comida y por la noche, justo antes de ir a dormir se concentra en dos recuerdos previamente seleccionados. A la mañana siguiente esos recuerdos habrán desaparecido.
-Muy bien, pero, ¿hay que comer algo, tiene efectos secundarios…?
-Lo mismo que con un ibuprofeno de 600.
El viejo desaliñado y apestando a alcohol y tabaco lanzó una mirada de incredulidad al doctor, o médico o científico, vamos, al hombre con bata blanca.
-Demasiado fácil, demasiadas noches ahogado en el vómito de mi vergüenza para que me digas que con siete pastillas puedo morir tranquilo. Me resulta imposible metérmelo en la puta cabeza.
-La ciencia avanza caballero, siempre al servicio del ser humano, siempre rectificando errores del pasado.
-Y después ¿qué?
-Después nada, se acabó. El mal que hiciste desaparecerá de tu memoria. Los recuerdos que tú desees no te volverán a roer por dentro.
-Bueno pues vamos a intentarlo. Si me muero se acaba todo de una puñetera vez, si lo consigo se acaba todo también. Creo que esta es la decisión más fácil que he tomado en toda mi vida.
Sentado sobre la camilla se acariciaba la barba jugando con la posibilidad de olvidarla, de olvidarlo, de no recordar todo cada segundo de esa miseria que llamaban vida. Alargó un brazo lleno tatuajes y puso la palma de la mano hacia arriba esperando recibir el bote con las pastillas. El científico metió una docena en un frasco y lo acompañó de una hoja con recomendaciones. El viejo, con un amago de sonrisa en la cara, cerró el puño con fuerza e ilusión abrazando al olvido.
-¡Ah! Y recuerde que en tres días espero su visita para que me cuente sus progresos, sus experiencias y cualquier conflicto esporádico que haya podido surgir.
-¿Y si decido olvidar esto también?
-Entonces entenderé que la terapia ha sido un rotundo éxito y podré sacar las pastillas Olvidum al mercado.
Ambos se miraron y se dieron la mano. El contacto fue fugaz, ambos sintieron acariciar su sueño en el otro.
La sala de conferencias estaba abarrotada. Medios de comunicación de ciento treinta países cubrían el evento. Se iba a presentar el avance científico del año o quizás del siglo. El hombre de bata blanca sudaba arropado por los flashes de la gloria. Buscando parar el tembleque de su pierna izquierda dobló la rodilla mientras se pellizcaba con insistencia. Su cara era un cuadro de Picasso con una sonrisa desdibujada que no encontraba su espacio natural en el rostro.
Cuando cesaron durante dos segundos los fotógrafos levantó la mano del atril y pidió silencio. Este fue inmediato fruto de la expectación levantada. Con un leve carraspeo se aclaró la voz y comenzó su discurso que llevaba preparando dos semanas.
-Buenas noches. Hoy nos hemos reunido todos aquí para presentar en sociedad a Olvidum. ¿Cuántas veces soñasteis con olvidar algo? ¿Cuántos traumas sin resolver? Por fin hay una solución. El mal de amores no lo curará el tiempo sino dos pastillas de Olvidum con cada comida. Por fin podemos borrar esos pasajes que martirizan el alma…
De repente una carcajada despiadada se elevó sobre la marabunta de periodistas. Todas las caras se tornaron inmediatamente hacia él. Y allí, entre un mar de maniquís de corbata y traje, apareció un viejo borracho con lágrimas en los ojos. El científico intentó proseguir obviando la incómoda interrupción.
-Olvidum saldrá al mercado en menos de dos semanas y el precio podrá variar dependiendo de las ayudas…
-¿Para qué? Si esto es un puto fraude- gritó el viejo mientras avanzaba hacia el estrado.
El científico que no podía seguir ignorando aquello se quedó observando a aquel indigente.
-¿Perdón, le conozco?
-Y yo que coños sé puto estafador.
Entonces lo reconoció, era él, aquel conejillo de indias que nunca volvió.
-¿Por qué dice eso caballero?
-Porque esto no vale una mierda, no sirve para nada.
-Los resultados están probados…
-¿Y qué?
-¿Cómo que y qué? Estamos ante la posibilidad de rectificar.
-No de rectificar de borrar.
-Bueno, pues de borrar. Hemos conseguido fabricar una redención a la humanidad. Vamos a borrar todo el mal que hemos hecho.
-No… porque no hay mal ni bien, tan solo hay consecuencias, consecuencia de tus acciones. Y esas nos perseguirán por siempre…- dijo mientras las lágrimas corrían por su mejilla.
Víctor Gutiérrez Sanz
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domingo, 1 de agosto de 2010
Welcome to paradise
- La verdad es que no lo entiendo…
Cogió la cerveza sintiendo el frío de las gotas de agua que impregnaban el botellín. Se giró sobre el taburete y miró el bar. La suciedad se camuflaba en el maquillaje de aquellas que algún día quisieron ser guapas. El sudor de sus copas caía sin descanso por unos gaznates cansados de gritar para intentar llamar la atención.
En las esquinas del bar se amontonaban los bolsos y las chaquetas con los imprescindible: móvil, cartera, llaves… ya está todo. De repente comienza a escucharse aquella canción que hace dos años martirizó los oídos de los inconformistas pero de la cual por repetición todo el mundo sabía ciertas estrofas. Recuerdos. Sube la adrenalina y la gente sin pudor berrea, grita para liberarse de las cadenas, cualquier excusa es buena.
Los movimientos espasmódicos siguen un ritmo marcado por un bajo, lejano, cubierto por un guitarreo impertinente que no le deja salir a la luz, imperceptible pero presente, al igual que el chico de la barra que engullía con ansía su cerveza.
Lo entendía pero no lo comprendía. Quería que entrara la luz, abrir las ventanas de los prejuicios para integrarse en una realidad teatralizada. Roma ardía y olía como el canuto que se estaban fumando dos chavales en el otro extremo de la barra. El fuego quemaba a la gente. Ellos se golpeaban en busca de sentir algo, de no sentirse tan solos, de permanecer dentro de una sociedad cada vez más difícil de comprender.
Él levantó la cerveza y grito cuatro palabras inconexas que formaban parte de otra canción. Se dio la vuelta, tragó el culo de aquel botellín y miró la fila de aquellas botellas rellenas de garrafón. Pidió otra. Miró el móvil. Tenía una perdida. Sonrió. De la quema que se salve quien pueda. Volvió otra vez a mirar al bar, al mundo, a la sociedad y con los ojos rojos grito:
- ¡Welcome to Paradise!
Ayg
Víctor Gutiérrez Sanz
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sábado, 31 de julio de 2010
Juego de burbujas

Conservador o transgresor. Voluntariado o acción social. Amistad o conocidos. Bien y mal. Verdad o mentira. Siempre llega un momento en que te ves obligado o plantearte por dónde se mueven tus principios y si realmente dices ser quien eres en realidad.
Un poco trabalenguas, es cierto, pero real. “La gran verdad” es que el ser humano es un generador de rutinas: un día 24 horas, una hora 60 minutos, comer, dormir, salir, estudiar, trabajar y, en verano, vacaciones. Las personas en un estado de semilibertad cognitivo toman decisiones generadoras de rutinas en un burdo deseo de autodefinición. Autodefinición que cimenta unas bases de seguridad en uno mismo… también de prejuicios.
Todo resulta más fácil si afrontas un problema desde una postura definida, la defiendes, te enclaustras y crees. Dentro de esa gran rutina, vas tomando posiciones y decisiones. Construyes tu propio ser de manera periódica mientras guardas las apariencias. Te conviertes en un Hombre Gris esclavo del Banco del Tiempo, como dijo Michel Ende en su estupendo libro Momo. Sólo existe una cosa que te puede sacar de esas rutinas: el ARTE.
Literatura, cine, música, series, pintura… son las vías de escapes que han creado los seres humanos para concebir diferentes formas de pensar, ayudarte a reflexionar o, simplemente, disfrutar bajo la experimentación con las aventuras de un personaje bien definido.
El mundo es un juego de burbujas. La magia de las letras (en mi caso son mi predilección) te pueden teletransportar a aquella pompa que tú desees. Por ello, en un falso intento de digitalizar vivencias, se retoma con más fuerza El Escribano del Agua.
AyG
Víctor Gutiérrez
Cuadro copiado del sitio web: http://www.interarteonline.com/Magali_Herradon.htm
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jueves, 27 de mayo de 2010
De la universidad para todos, a la universidad para cualquiera
La evolución del sistema universitario a lo largo de la historia ha seguido un proceso de apertura y democratización, de ser un servicio únicamente accesible a una élite oligárquica pasó a ser una “universidad para todos”. Sin embargo, en la actualidad se ha dado un paso más, y es que se ha convertido en una “universidad para cualquiera”.
En los albores de la creación de las universidades, en la Alta Edad Media, la posibilidad de cursar estudios superiores se restringió a aquellos nobles o miembros del clero que debido a su posición privilegiada monopolizaban la cultura. El tercer estado nunca tuvo el privilegio de adentrarse en los focos culturales.
Estas primeras universidades europeas eran generalmente controladas por un poder religioso y los estudios que en ellas se cursaban se centraban a ámbitos escolásticos. Sin embargo, con la llegada del Renacimiento, el pensamiento científico y humanista llegó a los centros de educación superior, aunque seguían siendo reducto para privilegiados.
La llegada de la universidad moderna vino de la mano de la Revolución Industrial y del racionalismo. Las puertas de estos centros se comenzaron a abrir lentamente a todos. Durante el s. XX el estado del bienestar comenzó a desarrollar un sistema de becas para que todo aquel que lo deseara pudiera estudiar. Y, poco a poco, las mujeres comenzaron a ocupar los pupitres de manera creciente.
La universidad era ahora un reducto no de oligarcas, sino del saber. Un núcleo cultural que impulsó los cambios más drásticos de las últimas décadas, como mayo de 1968 o la oposición contra el franquismo. El movimiento universitario se constituyó durante muchos años como un grupo de presión capaz de movilizar a la opinión pública. Hoy su peso ha disminuido de manera drástica, de una manera directamente proporcional a la calidad del sistema universitario.
De la democratización de la universidad, de la “universidad para todos”, se ha pasado en una universidad para cualquiera. El proceso degenerativo ha sido grave y muy rápido. Y es que, la creciente clase media que se ha generado en occidente ha desdibujado el concepto de enseñanza superior.
El título universitario es ahora un elemento dador de prestigio. Los padres conciben a la universidad como un grado más en los estudios. Tras el bachillerato, una carrera y luego al mundo laboral. Esta senda marcada sin ningún criterio ha hecho que los universitarios, y lo que es más preocupante, toda la sociedad vean el primer año de carrera como tercero de bachillerato.
Hoy en día existe una un gran porcentaje estudiantil que ocupan las aulas universitarias durante años porque sus padres así lo quieren. No cursan una carrera por propia voluntad, sino que siguen el camino que les delimita la sociedad. Se cae en el error de buscar una formación social, en vez de una formación personal e integra.
Parte de este problema es consecuencia del desprestigio que tiene los módulos de formación profesional. Esto supone que todos sigan el camino por el que año a año se avanza en curso y que en las carreras exista una cantidad ingente de personas sin ningún tipo de motivación.
El paradigma del concepto universitario ha cambiado, ya que ahora no se oferta unos estudios para todos aquellos que quieran cursarlos, sino para aquellos que no sepan que hacer desde los 18 a los 24 años con su vida.
Lo lógico, frente a este proceso de degradación es que la comunidad universitaria y los estados tomaran medidas. No sería algo novedoso ya que muchas veces se han producido cambios para reconducir el camino y mejorar el modelo. Por ejemplo John Locke, en su obra Pensamientos acerca de la educación, desaconsejaba el modelo de estudios religiosos vigente y proponía la reconducción hacia unos estudios empíricos. Este texto hizo que se estudiara a Newton en las facultades de física lo que llevó a la evolución de toda la humanidad.
El Plan Bolonia parecía que iba a ser eso, una reconducción a la senda correcta, pero nada más lejos de la realidad. El Espacio Europeo de Educación busca “establecer un sistema de titulaciones, cuyo primer ciclo prepare a los universitarios de acuerdo con el mercado de trabajo europeo” para ofrecer un nivel de cualificación adecuado.
Las bases es la que se fundamenta el proceso de cambio que viven este año todas las universidades españolas se pautan como objetivo: “proporcionar una formación universitaria en las que se integren armónicamente las competencias más específicas que posibiliten una orientación profesional que permita a los licenciados una integración al mercado de trabajo”.
El Plan Bolonia o Espacio Europeo de Educación pretende hacer de las universidades un gran módulo de formación profesional en el que producir peones de trabajo eficientes y preparados. El cambio que va a sufrir el concepto universidad será enorme e irreversible como no se actúe pronto.
Las aulas universitarias, antes núcleos del saber, se convertirán en un segundo bachillerato en el que cada gremio dará las directrices necesarias a los nuevos trabajadores para que ejerzan su trabajo. Los gobiernos han hecho este cambio bajo una cortina de humo de buenos propósitos y desinformación. En ningún momento se ha expuesto a la soberanía del pueblo y a su voto esta decisión, sino que se ha cerrado filas descalificando a los opositores.
El Estado tiene diferentes herramientas de educación para sus ciudadanos. Existe el bachillerato, la formación profesional y la universidad. Cada cual responde a una función muy digna que no se debe confundir. Es cierto que es necesario un cambio de rumbo en las universidades españolas, pero este no es el camino.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG



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