
Ninguno terminamos Derecho. En ese momento fui consciente de que estábamos fuera del sistema. Bichos raros con algunos ideales. Pero no podía hacer nada y la única solución fue refugiarme en la lectura. Viaje por mundos inhóspitos, vi grandes injusticias, besé al amor verdadero para después morir por ella, hasta que un día decidí cambiar el mundo.
Mi compañero se percató de que llevaba varias semanas escribiendo sin hacer progresos. Estaba siempre mirando el diccionario. Extrañado preguntó:
- ¿Qué buscas?
- Las palabras.
- Pero, ¿por qué les das tanta importancia?
- Porque un día soñé que todos nos llegaríamos a entender…
Foto de Óscar Guiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
lunes, 16 de marzo de 2009
El poder de las palabras
miércoles, 11 de marzo de 2009
La promesa incumplida
En la puerta había una gorra negra. Esa fue su señal, su guiño de complicidad cuando uno de los dos no quería ser molestado. De aquella sencilla manera se ahorraban las interrupciones, que no intromisiones, pues luego se lo contaban todo. Nunca incumplió su pacto, pero sesenta años después hizo un amago de abrir la puerta. Rectificó. Los momentos que vivieron se agolpaban en su cabeza mientras sus piernas se tambaleaban incapaces de soportar aquella carga. Desconsolado dejó la cachaba a un lado, se sentó y comenzó a llorar. Esperaba resignado a que él cumpliera con su parte del trato.
Foto de Oscar Gutiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
domingo, 8 de marzo de 2009
El peligro que acecha en la telaraña

Una nueva forma de relaciones sociales irrumpe en nuestra sociedad. Las redes sociales, mesas de café de la red, cuentan cada vez con más adeptos. Una nueva forma de mantener el contacto con los conocidos de siempre haciendo comentarios de no más de dos líneas.
¿Pero dónde se encuentra el atractivo que hace que cada vez más gente hable del tuenti como de su propia habitación? Sencillamente, en unos treinta minutos diarios, una persona es capaz de enterarse de aquello de más relevancia entre su grupo de acción social, a la vez de dar a conocer sus aflicciones y alegrías.
Se digitalizan las emociones y se manda un evento para que todo el mundo las conozca. Los aspectos positivos son claros, nunca se pierde la estela de aquellas personas que marcaron una etapa en tú vida. El aspecto negativo es que se produce una banalización de las relaciones sociales.
Seguramente, en este punto, puede haber grandes detractores, sin embargo hay quien cree en esta hipótesis con todas sus fuerzas: una relación que se sustenta en la interacción en Internet carece de sentido y no es más que una mentira reciproca avocada a la desaparición.
Se llega así a una conclusión, las redes sociales son grandes telarañas de hipocresía. Se desvirtúa la amistad y el compañerismo para convertirlo en frases del tipo:
Que wapo/a
Que buena…XD
Jjejejeje XD
Os quiero mucho mis niños/as
Es por este motivo que se deben proteger las verdaderas redes sociales como si se trataran de animales en peligro de extinción. No se trata de acabar con estas relaciones virtuales, sino redirigir el mercado, las funciones y su objetivo. Son herramientas de apoyo y no la relación en sí.
Quien hoy en día permanece sin tuenti, facebook… se aísla del mundo. Recorta su área de influencia y se entera de la mitad de las cosas. Sin embargo nunca dejará de vivir su vida y de conocer lo que le interesa, lo que realmente considera importante.
Cuidado en la red, pues la araña está acechando y no siempre se puede escapar.
Pd. Soy consciente de que mucha gente no pensará así por lo que animo a que se abra un hermoso debate. Gracias.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG
viernes, 27 de febrero de 2009
Redirigir el vuelo
El cansancio se extendía por todo su cuerpo impregnándose en cada una de las acciones que realizaba. El sentimiento se asemejaba al de una peliculilla de aceite cubriéndole de arriba abajo. Sus movimientos torpes e inseguros le hacían meter la pata constantemente. En su interior se veía como a una de aquellas aves costeras cubiertas de petróleo por el vertido de cualquier barco. Agonizando e indefenso, sin posibilidad alguna de tomar represalias.
Se duchaba todos los días, limpiaba cada recoveco de su mente con el fin de enmendar la situación. Pero no había manera. Una zozobra interior le derrumbaba cualquier proyecto, cualquier intento de salir de aquel pozo con un fondo tan negro que se perdía el miedo, solo cabía la resignación.
Cada mañana salía a dar un paseo sin rumbo. Lo único que limitaba era el tiempo, por lo demás, aquella rutina la seguía sin ninguna coordenada. Sin embargo, no eran más que intentos fallidos por despertar los sentidos. Buscar de alguna manera el hambre, establecer algo por lo que mereciera la pena vivir.
Un día, durante uno de sus paseos, un pájaro buscaba sin éxito atravesar una verja. Sus intentos siempre eran infructíferos pero lo seguía intentando porque al otro lado había una miga de pan. Tenía un objetivo pero le iba a ser imposible conseguirlo. El pájaro siguió pretendiéndolo cerca de dos horas sin hacer ningún progreso. Se estaba ahogando en su propio instinto animal y aquel espectador que observaba desde la acera lo estaba disfrutando. El humano riendo, al borde de la histeria, le gritó:
- ¡Cómo no te cortes las alas! Te va a resultar imposible pasar al otro lado. Ríndete. No se puede luchar contra el mundo.
No obstante el pájaro no se dio por vencido. En una de las paradas que hacía durante su trabajo, miró más allá y descubrió que había un cacho de pan a escasos cien metros. Exultante levantó el vuelo con dos poderosos pero suaves aleteos y planeó hasta la comida. Había cumplido su objetivo, alimentarse.
El hombre que observó la escena tardó mucho en reaccionar. Algo se movió en su interior. Se miró las manos incrédulo y descubrió que la espesa capa de aceite se había desvanecido. Entonces lo comprendió, no se trataba de cortar las alas sino de redirigir el vuelo.
Foto de Oscar Gutiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
domingo, 22 de febrero de 2009
Balas de tinta

Él, lleno de ardor y desprecio, pensaba en el final. Su profesión, periodista de sucesos, le llevó a ver en la morgue la cotidianidad de la locura humana. Se olvidó de que tras aquellas muertes existió el amor, el odio, los amigos… la vida. Banalizó la sinrazón de la actualidad. Los muertos se convirtieron en números, minutos de trabajo que luego le darían de comer. Cogía lo más llamativo y que se pudiera vender mejor. Un día, sin ni siquiera pestañear, redactó la muerte de su padre. Tres horas después la suya.
Foto de Oscar Gutiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
jueves, 15 de enero de 2009
Una jaula manchada de sangre
La primera piedra le dio en el hocico. Las risas de los niños eran atronadoras y se clavaban como puñales en el pobre animal enjaulado. Se trataba de un galgo, pardo y sin una pata. Las cicatrices pintaban todo su cuerpo después de una vida entera sufriendo múltiples palizas. Su actitud era defensiva, gruñía y ladraba con rabia mientras buscaba la forma de salir del cerco que le habían hecho aquellos niños.
El total del público se sumaba a siete. Quien había tirado la piedra era un chico de corta edad. En comparación con el resto parecía débil y frágil, pero junto a ellos era temible. Su cara rebosaba alegría mientras buscaba por el suelo la siguiente piedra que le arrojaría. La encontró. Una grande, angulosa y dura. El resto de la pandilla vitoreaba entusiasmado el lanzamiento. El murmullo fue subiendo hasta que se hizo ensordecedor y se rompió por un gemido. Un breve silencio se hizo hasta que el animal se levantó con una profunda herida en la espalda. La sangre salía a borbotones y los niños comenzaron a reír y a jadear porque aún seguía vivo y podía proseguir el espectáculo.
De entre la lejanía llegó una niña corriendo. Era rubia y unos ojos grandes marrones se encontraban húmedos de la rabia que le producía el dolor del animal:
- ¡Dejad a Gaza en paz!
- ¡Pero nos ha mordido!
- Tiene hambre y está asustado. Y aún así no tenéis derecho a matarle.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG



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