La vida genera pequeñas parodias que se incrustan en la memoria con el fin de ser recordadas en la posteridad. Son momentos singulares llenos de magia que se suscriben bajo el nombre de anécdotas. Se podría realizar una sinestesia y caracterizarlos como el sabor de la vida. Siguiendo este proceso de confusión de los sentidos se debe describir lo que se cuenta a continuación como picante, muy picante.
La situación es variopinta y surrealista. Se trata del fruto de un momento histórico, la concepción pura de una aldea global en la que las fronteras se resquebrajan y los miedos se escapan por sus grietas.
El escenario de lo ocurrido era hermoso. Una reserva natural cuyo pueblo más cercano se encontraba a veinte minutos a pie. Un lago, situado a escasos veinte metros de la vivienda, descansaba en la absoluta tranquilidad de la noche mientras una turba de mosquitos hostigada por el calor se abalanzaba sobre los protagonistas en busca de sangre fresca. Serbia es un país que se extiende bajos los ojos como la inmensidad de la llanura de un océano. Cuando se mira al norte o al sur solo se puede ver cielo, y por la noche, estrellas. Daba igual que a treinta kilómetros estuviera la frontera húngara. El cielo seguía sin privatizarse. No se podía vislumbrar ninguna barrera que separara las constelaciones por propietarios.
El calor, que se había convertido en asfixiante durante los últimos días, daba un respiro a los protagonistas por la noche. Estos, entre cerveza y cerveza no dejaban de hablar en inglés, suspirando, chillando y asintiendo como gesto de su aprobación. Se escuchaban y hacían como que se escuchaban en busca de su turno de palabra. Generalmente la conversación la monopolizaban un joven alemán y una chica rusa. A su alrededor se crearon dos bloques de pensamientos enfrentados. Junto con el punto de vista ruso se situaba un serbio. Junto al alemán un español. Y sin saber que decir, ni que pensar una coreana del sur. Los demás ya estaban acostados. Ni francesas, ni finlandesas, ni ningún personaje más aportó ideas en la discusión.
Recapitulando: un alemán, una rusa, un serbio, una coreana del sur y un español se encontraban discutiendo en inglés al lado de un lago, en Serbia, a treinta kilómetros de la frontera con Hungría mientras millares de mosquitos intentan comerles vivos. Lo único que falta en la historia es definir el tema de conversación. Pudo haber sido la cerveza, el trabajo o el calor que hacía, pero no fue así. Hablaron de los nacionalismos.
Miles de historias diferentes se abalanzaron sobre ellos. Georgia, Kosovo, Yugoslavia, los Balcanes, los eslavos, el País Vasco, Cataluña, el federalismo, el nacionalismo, las culturas y ellos mismos. Cada uno tenía su postura. Cada país tenía sus problemas. La esencia era la misma y la solución la tenían ante sus ojos.
¿Nacionalismo o cultura? ¿Aldea global o cosmopolita? Ante ellos se abría la inmensa interrogante que cubría ya siglos de historia. La globalización que caracteriza el siglo XX les había fabricado de manera muy similar. Sin embargo sus culturas los diferenciaban. No se trataba de su identidad nacional, ni de la patria, ni de banderas, ni de himnos. Estos no eran más que marcas construidas artificialmente. Adidas, McDonald’s y sus respectivas naciones no eran muy diferentes. Lo único y que les hacía únicos era la cultura.
Se dieron cuenta de que esa esencia podría desaparecer tras la globalización del imperio coca-cola. Estaba claro que debían cambiar el enfoque. Coincidieron todos en la absurdez de las fronteras. Remarcaron la importancia de la cultura popular. Levantaron la única bandera que puede existir: la de la tolerancia. Y decidieron que la belleza del mundo residía en un espacio cosmopolita, no globalizado ni oprimido bajo una verdad monolítica.
Eran sueños de una noche de verano en la que todos estaban dispuestos a cambiar el mundo. ¿Utopías? Puede ser, pero no diacrónicas. Esta era la primera generación que podría ser capaz de constituir un nuevo orden. ¿Cuándo antes se podía tomar esta situación como algo cotidiano? Si el picante es un sabor de la vida es porque siempre ha existido un espíritu de lucha e inconformismo.
El cambio está ocurriendo. Rusos, alemanes, serbios, coreanos y españoles discuten sin producir daños colaterales.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG
martes, 28 de julio de 2009
La nueva era cosmopolita
lunes, 8 de junio de 2009
Mata que no les duele
Mucha gente sueña con poder no sentir el dolor. Convertirse en una especie de superhéroe capaz de parar las balas con las manos y recibir golpes sin inmutarse. Insensibilidad añorada por tantos niños que imitando a Superman se golpearon en la rodilla. Intentaron volar, saltaron desde la mesa y en mitad del vuelo descubrieron el poder de la gravedad. No lo volverán a hacer.
El dolor no siempre se trata de algo negativo. Cuando te golpeas, te quemas o notas la molestia en una muela tu cuerpo te avisa de que algo va mal. Un impulso nervioso que recorre las neuronas por distintos caminos, hacia la médula espinal provocando un arco reflejo o hacia el cerebro dando la señal de alarma, mantiene comunicado tu cuerpo y tu mente. Una cadena perfectamente estructurada de acciones y reacciones. El sufrimiento es una ventaja evolutiva, quien no lo padece tiene un grave problema.
La analgesia congénita es una rara patología que conlleva la indiferencia del individuo a la dolencia física. Su sistema genera una sobreabundancia de endorfinas que lo anestesian permanentemente frente a cualquier dolor. El niño se tira de la mesa imitando a Superman, descubre que no puede volar, pero le hace gracia y sigue probando. Una apendicitis, una hemorragia interna, o un golpe fuerte los puede matar sin que se enteren de lo que les pasa.
Las personas que sufren esta enfermedad son insensibles físicamente, no psicológicamente. En la sociedad global se ha producido el efecto contrario, existe una hipersensibilidad al propio dolor y una analgesia contra las enfermedades del mundo. Violencia, datos de hambrunas y masacres en lugares recónditos no producen ninguna dolencia en la población. Se ha roto la cadena de acción reacción.
Las endorfinas que adormecen a la sociedad no actúan constantemente. Parece ser que aún se perciben ciertos estímulos que provocan el desasosiego en las personas. Eve of destruction (Vísperas de destrucción) es una canción de los años 60 compuesta por P. F. Sloan y convertida en himno de una generación por la voz de Barry McGuire. En ella avisan de que el mundo está herido, que existe una terrible hemorragia interna que le quita poco a poco la vida. La canción transmite una rabia frustrada, provoca malestar, ganas de gritar y correr. Alejarse de la muerte, la sangre y las vísceras de destrucción que salpican con cada bombazo.
Pero la canción llega al final y todo vuelve a la normalidad. Los últimos acordes se acompañan de una voz ya exhausta por gritar todas las injusticas que se cometen. Entre la ironía y la frustración vuelve cantar una vez más el estribillo que dice “¿Amigo no te crees que estamos en las vísperas de la destrucción?”. Tres minutos y veintinueve segundos. Se acaba la canción. Concluye el texto. Miles de personas mueren cada día. Indiferencia. Insensibilidad. Anestesia social. ¡Destrucción!
AyG
Víctor Gutiérrez Sanz
lunes, 20 de abril de 2009
Hablando desde las alturas
Los personajes más carismáticos de la historia han sido musas, y lo son, de muchos dirigentes políticos. Aristóteles, Sócrates, Martin Luther King o Gandhi se han convertido en espejos donde se miran los políticos actuales, comparándose y aspirando a la grandeza de poder ser el reflejo de generaciones venideras. Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, sigue ese camino hacia el recuerdo inmortal otorgado por los libros, senda ya recorrida en los s. XVIII y XIX por su compatriota Napoleón Bonaparte.
Salvando las diferencias del período histórico vivido por cada uno, El Emperador de los Franceses y el actual gobernante de la República poseen tres características comunes. La primera de ellas es su nacionalidad, ambos son franceses. La segunda es su estatura. Y la tercera es la ambición de figurar con nombre propio.
La política exterior francesa de los dos últimos años está llena de hazañas protagonizadas por Nicolas Sarkozy. El viaje a Chad y la posterior liberación de los miembros de la ONG Arca de Zoé, el dialogo con las FARC en el rescate de Ingrid Betancourt, el gesto de solidaridad permitiendo a José Luis Rodríguez Zapatero ocupar una silla en la cumbre económica del G20 o las críticas sin tapujos contra otros gobernantes son algunos ejemplos de su actuación. Acertado o desacertado ha ocupado cientos de páginas en diarios de todos los continentes.
Son pocos los dirigentes que pueden insultar a otro hablando desde las alturas. Las declaraciones de las que se hace eco el diario galo Liberation, desmentidas ya por el palacio del Elíseo, en las que el presidente francés tacha de poco inteligente a Rodríguez Zapatero, de sumisa a Merkel o de inexperto a Obama son gestos de grandeza de una persona que analiza el mundo desde un escalón superior.
El hecho no ha tenido mayores consecuencias. El silencio del gobierno español o el oportunismo de la oposición con las declaraciones de Esteban González Pons, portavoz del PP, son pequeñas cinceladas a una nueva anécdota protagonizada por Sarkozy. La opinión pública debatirá y sacará sus conclusiones en el trabajo, el barrio o las clases. Cada uno es libre de opinar y expresarse.
El problema es que debemos identificar a Napoleón como un emperador y a Nicolas Sarkozy como el presidente de una nación democrática. Es libre de opinar y juzgar cuanto desee pero recordando que el pueblo galo también lo hace en las urnas. No necesitamos superhéroes de la política, ni grandes figuras de libros de historia, sino representantes del sentir de una nación. El periodo histórico es distinto y la soberanía, ahora, reside en el pueblo. Será mejor bajar de las alturas.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG
lunes, 16 de marzo de 2009
El poder de las palabras

Ninguno terminamos Derecho. En ese momento fui consciente de que estábamos fuera del sistema. Bichos raros con algunos ideales. Pero no podía hacer nada y la única solución fue refugiarme en la lectura. Viaje por mundos inhóspitos, vi grandes injusticias, besé al amor verdadero para después morir por ella, hasta que un día decidí cambiar el mundo.
Mi compañero se percató de que llevaba varias semanas escribiendo sin hacer progresos. Estaba siempre mirando el diccionario. Extrañado preguntó:
- ¿Qué buscas?
- Las palabras.
- Pero, ¿por qué les das tanta importancia?
- Porque un día soñé que todos nos llegaríamos a entender…
Foto de Óscar Guiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
miércoles, 11 de marzo de 2009
La promesa incumplida
En la puerta había una gorra negra. Esa fue su señal, su guiño de complicidad cuando uno de los dos no quería ser molestado. De aquella sencilla manera se ahorraban las interrupciones, que no intromisiones, pues luego se lo contaban todo. Nunca incumplió su pacto, pero sesenta años después hizo un amago de abrir la puerta. Rectificó. Los momentos que vivieron se agolpaban en su cabeza mientras sus piernas se tambaleaban incapaces de soportar aquella carga. Desconsolado dejó la cachaba a un lado, se sentó y comenzó a llorar. Esperaba resignado a que él cumpliera con su parte del trato.
Foto de Oscar Gutiérrez y relato de Víctor Gutiérrez
AyG
domingo, 8 de marzo de 2009
El peligro que acecha en la telaraña

Una nueva forma de relaciones sociales irrumpe en nuestra sociedad. Las redes sociales, mesas de café de la red, cuentan cada vez con más adeptos. Una nueva forma de mantener el contacto con los conocidos de siempre haciendo comentarios de no más de dos líneas.
¿Pero dónde se encuentra el atractivo que hace que cada vez más gente hable del tuenti como de su propia habitación? Sencillamente, en unos treinta minutos diarios, una persona es capaz de enterarse de aquello de más relevancia entre su grupo de acción social, a la vez de dar a conocer sus aflicciones y alegrías.
Se digitalizan las emociones y se manda un evento para que todo el mundo las conozca. Los aspectos positivos son claros, nunca se pierde la estela de aquellas personas que marcaron una etapa en tú vida. El aspecto negativo es que se produce una banalización de las relaciones sociales.
Seguramente, en este punto, puede haber grandes detractores, sin embargo hay quien cree en esta hipótesis con todas sus fuerzas: una relación que se sustenta en la interacción en Internet carece de sentido y no es más que una mentira reciproca avocada a la desaparición.
Se llega así a una conclusión, las redes sociales son grandes telarañas de hipocresía. Se desvirtúa la amistad y el compañerismo para convertirlo en frases del tipo:
Que wapo/a
Que buena…XD
Jjejejeje XD
Os quiero mucho mis niños/as
Es por este motivo que se deben proteger las verdaderas redes sociales como si se trataran de animales en peligro de extinción. No se trata de acabar con estas relaciones virtuales, sino redirigir el mercado, las funciones y su objetivo. Son herramientas de apoyo y no la relación en sí.
Quien hoy en día permanece sin tuenti, facebook… se aísla del mundo. Recorta su área de influencia y se entera de la mitad de las cosas. Sin embargo nunca dejará de vivir su vida y de conocer lo que le interesa, lo que realmente considera importante.
Cuidado en la red, pues la araña está acechando y no siempre se puede escapar.
Pd. Soy consciente de que mucha gente no pensará así por lo que animo a que se abra un hermoso debate. Gracias.
Víctor Gutiérrez Sanz
AyG



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